José Antonio Benavente, justo antes del pregón del viernes en el Parque Arqueológico de El Cabo. M. N.

A José Antonio Benavente le tacharon de loco cuando, en 1990, dejó un acomodado puesto de trabajo como arqueólogo en el Ayuntamiento de Zaragoza para regresar a Alcañiz con la idea de recuperar yacimientos en el Bajo Aragón, especialmente de origen íbero. Tres décadas después acaba de dejar otro empleo, el de gerente del Consorcio Patrimonio Ibérico de Aragón, con el que desde 2007 ha impulsado la rehabilitación y dinamización de una veintena de yacimientos en cinco comarcas y la apertura de once centros de visitantes que dinamizan el territorio. Su aspiración es que el Parque Arqueológico de El Cabo, en Andorra, acabe siendo el centro de divulgación, didáctico y recreación histórica con el que sueña desde el año 2000, cuando trasladó el poblado de Corta Barrabasa piedra a piedra hasta San Macario para que una mina de carbón a cielo abierto no se lo llevara por delante. Dos décadas después, Andorra vive toda una fiesta de recreación histórica en base a sus antepasados. El viernes, Benavente fue pregonero de Lakuerter Íbera, todo un honor para él.

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